El sueño letón
Sábado, 6 de Enero de 2007 por Ferran MarÃn
Los locos por la telefonía VoIP andamos más locos todavía desde que tuvimos noticia de la existencia de una compañía, TiVi, que promete llamadas VoIP desde el móvil a un precio considerablemente atractivo.
Primera fase: investigación… Google en ristre y armado de paciencia, llego hasta la página web de la compañía, http://www.tivi.com . Eso, que la primera en la frente, que me cuesta algo encontrar la opción “english” en la página, pero es una falsa alarma. Está arriba, a la derecha de la pantalla.
Segunda fase: análisis… ¿Esto qué es? ¿Cómo funciona? A duras penas y entre FAQ’s y How to’s, más o menos entiendo que es cierto que TiVi dice que conseguiré hacer llamadas móviles VoIP utilizando mi punto de acceso WiFi, un FON pillado al vuelo en algún restaurante de menú o en la puerta de unos conocidos grandes almacenes, donde numerosos chavales pertrechados de PSP’s o PDA’s chatean, skypean o envían correos. No puede ser verdad tanto sueño, pero en fin, a por ello.
Tercera fase: implementación… Descarga de la aplicación previa confirmación de compatibilidad. Dicen los de TiVi que su programita funciona en mi teléfono N91. Ya veremos. Instalo el programa y, aparentemente, todo va bien. Sólo aparentemente. De hecho, marco en varias modalidades uno de mis números de teléfono VoIP, desviado a un contestador, y la comunicación es imposible. Intento hacerlo a uno normal y recibo una alerta: no tengo saldo. Pues nada, a comprar tres o cuatro euracos; todo sea por la causa.
Cuarta fase: leve mosqueo. Hay que pagar en la moneda local, el lat, mediante un sistema de pago letón, por transferencia o tarjeta de crédito. No aceptan la American Express ni medios de pago electrónicos como el Paypal. Ahora, a averiguar la cotización del lat, para lo que hay que abrir otra ventanita en el navegador y buscar un conversor de moneda: en TiVi no hay. Perfecto. Voy a comprar cuatro lats de saldo, un poco más de seis euros de aquí. Tengo miedo, pero mi banco dice que tengo un método de protección de la tarjeta, que no me preocupe. Tengo miedo porque no me aparece en pantalla ninguna certificación de Visa, ni ningún certificado de Verisign ni nada que se le parezca. Bien. Ya está hecho el cargo contra mi tarjeta.
Y en la página correspondiente mi saldo es cero. Un mensaje me avisa de que tardarán unas 12 horas en ingresarme la cantidad. Unas 12 horas, en letón, son 38. Ha llegado el momento de experimentar. Intento hacer llamadas a los amigos más comprensivos con mi vicio por la VoIP. El programita de TiVi consigue hacer el teléfono del destinatario, pero poco más: en cuanto pasan unos segundos, se corta.
He gastado ya medio lat y no he conseguido hablar con nadie, ni mucho menos establecer una llamada de vídeo.
Quinta fase: adiós, TiVi. Decido cancelar la cuenta, pero me advierten que no pueden cerrar ninguna a la que le quede saldo. Hasta que el saldo no es igual a cero, soy cliente de TiVi.
He contribuido modestamente a la dinamización de la economía letona, a la creación de empleo y riqueza. Me he cabreado como una mona (¿cómo se cabrean las monas?). El sueño letón no existe. Las compañías de telefonía tradicionales tienen motivos de sobra para estar eternamente agradecidas a esta pintoresca compañía letona. Una pena.

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